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EscribanoJardiel Poncela decía que hay dos tipos de autores: los que aumentan el número de libros, y los que aumentan el número de lectores. Es una de esas verdades escasas y valiosas que uno, a veces, se expone a escuchar por el mero hecho de llevar las orejas puestas, como dijo aquél. Con los filósofos sucede lo mismo. Personalmente, prefiero a los Kant, Descartes, Platón o Aristóteles que se atreven a derribar el universo entero y reconstruirlo después piedra a piedra con un lápiz y un papel.

Mención aparte merecen los escribas, recopiladores, libreros, y en general,  sufridos ratones de biblioteca que se encargan después de poner el orden en el caos que los propios filósofos alcanzaron en sus magnas ideas pero no en sus archivos.

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Pedazos de papel

Today, I was a TA for a history class and the class was taking a test. About halfway through, I noticed one kid had a small piece of paper in his hand. I ran up the row, grabbed his test, and ripped it into four pieces. Then I took the note from him. It said “I believe in you, -Mom.”

Voy a tratar de traducir:

Hoy, estaba cubriendo la suplencia de un profesor en una clase de historia, y los alumnos tenían examen. Más o menos a la mitad del mismo, me di cuenta de que un niño tenía un pequeño trozo de papel en la mano. Fui hacia su pupitre, le quité su examen, y lo rompí en cuatro trozos. Entonces le quité la nota. En ella estaba escrito: “Yo creo en ti. – Mamá”.

Las cosas no siempre son lo que parecen. Sacado de Fmylife.com

La siguiente es una lista de un columnista del Miami Herald llamado Dave Barry. El nombre del artículo es “16 things that took me over 50 years to learn”, o “Las 16 cosas que me costó cerca de 50 años aprender”. Las he traducido con mayor o menor fortuna para vosotros. Originalmente las encontré aquí, aunque la web de Dave Barry es ésta.

1. Nunca, bajo ninguna circunstancia, tomes una pastilla para dormir y un laxante en la misma noche.

2. Si tuvieras que definir en una sola palabra la razón por la cual la raza humana no ha alcanzado y no alcanzará jamás todo su potencial, esa palabra sería “reuniones”.

3. Hay una línea muy fina entre “hobby” y “enfermedad mental”.

4. La gente que quiere compartir su punto de vista religioso contigo, casi nunca quiere que tú compartas tu punto de vista con ellos.

5. No debes confundir tu carrera profesional con tu vida.

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El sentimiento de culpa siempre ata. Siempre arrastra. Es el monstruo contra el que lucha una conciencia deseosa de tranquilidad, pero desde el día en que nacemos hace un mínimo acto de presencia, para no desaparecer jamás.
Creo recordar que fue San Juan de la Cruz quien confesó en sus memorias que, de niño, había hurtado algunas peras para comer, estando en compañía de sus amigos. Dado que lo hizo por puro divertimento, una poderosa sensación de desgracia se apoderó de él, por tan infantil acto, hasta bien entrada la madurez.
Ojalá todas las conciencias arrastraran un crimen tan insignificante como el robo de una pera. Pero cada uno combate a sus monstruos hasta que uno de los dos, conciencia o culpa, se rinde: es entonces cuando comienza el cambio, la muerte que precede al nacimiento. Kafka se siente insignificante, y Tolstoi se escapa en mitad de la noche con su médico y su hija.

Un cisne negro

“Rara avis in terris nigroque simillima cygno”.

Juvenal

La metáfora fue de Juvenal, y lo cierto es que desde entonces se ha usado en numerosas ocasiones para describir cualesquiera sucesos improbables (si no imposibles).
“Es un ave rara en la tierra, casi tanto como un cisne negro”.
Un tipo que trató de traducir la frase anterior
Resulta curioso comprobar como la mayoría de las cosas que suceden en la naturaleza siguen una forma determinada de azar. Por ejemplo, podemos medir la altura de todos los habitantes de cierta región, y realizar un histograma (es decir, apuntamos en un papel una lista de las alturas posibles, ý anotamos el número de veces que se repiten). Si lo graficamos, saldrá algo como esto:

Es decir, una campana de Gauss. Los sucesos improbables se sitúan a la izquierda y a la derecha de la curva. Cuanto más nos movamos hacia los extremos, más difícil será encontrar un ejemplo de ello en la naturaleza (un tipo que mida 2,20 metros, un cisne negro, o que el autor de este artículo sea capaz de encontrar un piso céntrico a un precio competitivo). Continuar leyendo »

Tan blanco

Imaginé el más frío de los inviernos, tan blanco, que no fuera capaz de pensar en otra cosa que no fuera la nieve. La nieve afuera, barriendo de colores las calles en un vendaval blanco que no cesara. Pensaba, tal vez, que pudiera ésta sumergirme en las profundidades de mi propia conciencia, hasta lo más salvaje y primitivo de mí mismo. Tanto, que me confundiera con mi propio colectivo, hasta perder la identidad:

“…cuando en las noches quietas y frías dirigía el hocico hacia alguna estrella y aullaba como un lobo, eran sus antepasados, muertos y ya convertidos en polvo, los que dirigían el hocico a las estrellas y aullaban a través de los siglos. Y las cadencias de Buck eran las cadencias de ellos, las cadencias con que expresaban su pena y el significado que para ellos tenían el silencio, el frío y la oscuridad.”

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Después de éste festival de ausencias, mi justificación sonará cobarde y triste, pero es irremediable. Quiero darme un homenaje, así, tan gratuitamente, sin esperar que los que han visitado este blog desde que no ha sido actualizado (algunos haylos) no se sientan menos que decepcionados.

Descuidado, sí. Abandonado, no.

Para los que tienen la manía o la virtud de la paciencia, les mando un abrazo en forma de canciones.

La voz de Billie Holiday era la manera que Dios usaba para susurrar al mundo las notas más bellas. Nunca supo distinguir entre lo que cantaba y lo que vivía, y cuando se terminó lo primero, dejó de tener sentido lo segundo. Las palabras que menciona en cada estribillo son especialmente significativas, notables, a la par que dolorosas. Y, como siempre, encierran una pequeña verdad.

Para los amantes de las pequeñas verdades, y los que gustan de fantasear con grandes mentiras, un abrazo virtual. Con ustedes, Billie.

A menudo sucede que los acontecimientos fortuitos son los que deciden la suerte de las gentes, y los actos perfectamente planificados fracasan estrepitosamente en un sinsentido de albedrío que nos hace sentir tremendamente pequeños. Este descontrol, esta falta de tacto que la suerte tiene para con nosotros, a menudo consigue desesperarnos, y decide nuestro destino de forma determinante.

Es un pequeño despiste, una variable incontrolable, que origina una omisión, una deliciosa pauta de descontrol y caos, que se desliza entre nuestros dedos como arena de playa. Y es imposible luchar contra ello.

Uno de estos momentos se produjo en el año 1.796, y el protagonista (voluntario o no, jamás lo sabremos) no es otro que Sir Isaac Newton.

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Una de las primeras definiciones de arte que tuve la pesadumbre de escuchar se basaba en la siguiente afirmación: el arte nace del ocio del hombre. Esto es, en sus inicios, las actividades artísticas ocupaban para el homo sapiens un lugar casual, casi anecdótico. Lejos de estar de acuerdo con lo anterior, la frase en cuestión refleja una gran verdad, y es que de la mayor de las desesperanzas, tanto como de la esperanza en sí misma, han nacido muchas de las mejores obras jamás escritas.

Roma

Recuerdo a Juvenal, hace unos años, caminando hacia una de las portezuelas de la ciudad, aquejado de toda clase de males, aconsejando al amigo que deja la ciudad eterna que procure no regresar. El más ácido de cuantos habitantes del Lacio hayan existido despotricaba enérgicamente contra libertos, libertinos y libertades, y azuzaba la conciencia vaga del pobre ciudadano romano sin descanso.
Lo recordé caminando a orillas del Tíber, camino de Trastévere, cuando nuestros ojos (los de mi compañera y los míos) observaban a un lado y a otro del río la desgana con la que Roma se ha tragado sus tesoros más valiosos. La ciudad ha crecido desbocada, salvaje e iracunda, apenas luchando por respetar un ápice de lo que fue hace algunos siglos.

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